martes, 28 de marzo de 2017

Mi pequeña Kira

Es martes por la noche y salgo a caminar, tengo una siberiana combinada con malamute de alaska de tan sólo 1 año y 8 meses, no sé si oficialmente seguirá siendo cachorra pero en su mente, lo es;
La calle está silenciosa, quieta, me asomo hacia las casas tratando de robar trozos de vida, de mujeres que platican, de hombres que ríen,  de bebés que lloran,  de perros que ladran, trozos de compañía, de familia.

Estoy sola, aunque mi pequeña me acompaña, graciosa, saltando como gacela, curiosa, con sus ojos azul cielo,
a veces se detiene a esperarme y brinca hacia mí, me empuja y tira fuerte,
a veces,  es las tardes tristes es ella quien guía y creo que lo sabe, sabe que me salva, lo sabe cuando lame mis lágrimas y acurruca su cabeza en mis piernas mientras lloro rota en el piso.

Cuando la veo creo en ángeles, creo que algo bello es posible en el detalle más pequeño, cuando veo ese ser sincero y frágil que depende enteramente de mí me doy cuenta que dependo enteramente de ella y que si existe en este mundo alguna fuerza, alguna luz, la ha enviado a estos brazos vacíos que sólo ansiaban la muerte.


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