viernes, 14 de agosto de 2015

Letras sin orden

La gente está revuelta, así como si la selva urbana cobrara vida; en efecto, me vivifica, siempre me han gustado los lugares concurridos, con pláticas agradables, aun cuando éstas no me incluyen…
Hacen la soledad más llevadera. Soledad de siglo XXI, frente a una máquina, sin el calor inequívoco de un abrazo, de otro cuerpo. Sin ojos que respondan las sonrisas silenciosas.

Todxs estamos sumergidos en nuestras vidas, en nuestras nadas. Quizá.
En las discusiones, en el dinero, en el sexo… Ahh… el sexo. El amor. La cólera.

Cómo evadir la costumbre de escribir de alguien si siento que alguien siempre me escribe. Así, como a una historia que se resbala en los dedos. Me teclea, me borra, me guarda.

¿Qué pasa con los amores que son como antiguos documentos?
Aquellos con historias a flor de piel, aquellos que nos dejan marcada la memoria, que dejan huella indeleble en el alma. Que nos dejan sedientos los labios y deseosos hasta los huesos.

Pero, recordar está de más, cuando las propuestas acontecen. Era lo que sucedía: el dilema entre recordar o vivir, el dilema entre la nostalgia y el exceso. Una suerte de práctica y teoría.

Y hay que hablar de la franqueza que se necesita para pasar a la teoría; en cualquier rama de la vida, pero el sexo… estar en desnudez absoluta, confiar en cuerpo a otro cuerpo, confiar los placeres, los sonidos, los gustos. Es como ofrendar el alma en alabanza a un dios. Requiere la pureza suprema atada a la carnalidad más profana.

En general, lo físico requiere una valentía increíble. Ya no estamos acostumbradxs a ella. Las parejas se reúnen con los teléfonos a la altura de la barbilla. Es una tristeza, yo me muevo como un pez fuera del agua, con la nariz metida en el aroma de un libro antiguo, el aroma inconfundible de las hojas amarillas, letras de antaño, verdaderos tesoros del tiempo, ésos que son las ideas.

Hablar de sexo y de libros o de libros que hablan de sexo. “Es lo mismo pero no es igual”, como dicen por ahí; placentero, delicioso.  Conmovedor. Entregado.

¿Cómo llegar a una cosa o la otra?, en éste tiempo.
Quizá volviéndonos a adaptar a las compañías, unas de otras, de otros.
Volviendo a sentir la dulzura de los dedos rosarse bajo la mesa.
Volviendo a empeñar el corazón en los besos con los ojos cerrados.


La vida y la literatura son muy parecidas; ambas necesitan combustible para ser buenas.