martes, 14 de junio de 2011

Recuerdos de mi amor extranjero

Admito penosamente que de un tiempo a la fecha estaba bajo una terrible recesión de palabras; no lograba escribir más que líneas burdas que no llenaban ni al lector más superficial… ése, que sin ánimo de ofender, solo se fija en palabras rebuscadas o rima perfecta; resulta que a veces el corazón no quiere rimar, solo quiere “ser”, y es hace mucho no “éramos”, él y yo.

En ciertos momentos de la vida nos dejamos arrebatar por algo parecido a posesiones, una fuerza incontrolable que nos lleva lejos de lo que somos y cerca de los que supuestamente deseamos, pero, como sabemos si es lo que deseamos si estamos poseídos por este “algo” que nos nubla la razón y nos llena de una fuerza extrema que arrasa hasta con nuestras propias almas, las antiguas inocencias y la conciencia más sensible sucumbe ante los efectos narcóticos de pasiones y ambiciones, estos deseos descontrolados se liberan como endorfina en el alma.

A menudo nos encontramos recordando, casi inventando lo que vivimos o lo que hemos imaginado, sin distinción de vez en cuando, porque el pecado de soñar lo cometemos demasiado…

Entonces, estaba yo aquí, leyendo en mi habitación, un poco de revolución, un poco de amor y teorías políticas y me encontré con que mi mente estaba en otro lado, unos ojos azules saltaban a mi encuentro, y el recuerdo de una tez rubia rondaba mi cabeza que por costumbre no se apartaba del libro; recordé aquella voz de acento extranjero, ya no sabía ni qué idioma era el que hablabas, solo sé que sin palabras nos explicamos la vida entera. Hacían eco tus palabras, sabias pero duras, “la mente siempre os llevará a ayer o a mañana, nos hace sufrir porque no disfrutamos la plenitud del presente”.
Esas palabras me fueron lección y castigo, a partir de ese momento supe que mi meditación debía pasar a un nivel mayor pero también supe que pasaría conmigo cuando mi recuerdo pisara los terrenos de tu consciente.

Pasó el tiempo y hoy me quedé con un adiós a medio decir, repentino como un aguacero en pleno verano, te fuiste y dejaste desierto mi corazón, las palabras se me hacían distantes, al menos, hasta hoy.