sábado, 6 de mayo de 2017

Desahogo

Estoy hasta el cuello de tanta mierda, siento que no hay espacio de mí misma que no se encuentre harto de cada minuto de mi vida; me rindo al desconsuelo,  grito y me altero, estoy odiando esto en lo que me he convertido. Nunca fue mi propósito jugar con nadie,  me enamoré sinceramente, lo dejé todo, los vicios y el poliamor, monógama me entregué por completo, junto con mis buenos días y mis penas, fui sencilla, fui honesta y admiré a quien me amó,  le quise como las vida quiere el sol, le quise además con lujuria, con devoción, encantada por la alegría de algo nuevo.

Los años pasaron y la vida cambió tanto, me volví rosa marchita, mi alma se apagó, en lo opaco de mis ojos busco ese enamoramiento que un día luz me dio, las cargas, los problemas y los azares me cambiaron,  me siento confundida de mí  misma y de todo,  no quiero dañar a nadie pero siento que no tengo salidas,  estoy en una calle sin retorno.

A veces siento que la felicidad me está vetada,  que se halla oculta en un lugar que conozco, al que no tengo acceso, la busco,  irremediablemente,  en el placer, en el ocio, en el trabajo,  en un cigarro y en un café,  pero sigo a la deriva en este puerto nebuloso; llegó el momento de buscar una respuesta,  de provocar una ruptura, de poner todo de cabeza.